Opinion
Ni geografía ni destino: «La invención del Sur Profundo»
Por Ana Maria Cespedes
Cuando escucho algún periodista desde la capital referirse al Barahona con el término «Sur Profundo» me indigna; porque no es una categoría geográfica, sino un sesgo centralista y peyorativo construido desde el poder urbano de Santo Domingo. Los argumentos sociolingüísticos e históricos que respaldan completamente mi postura frente a cualquier debate o rifirrafe institucional son los siguientes:
1. El uso del término «Sur profundo» responde a una construcción discursiva del poder desde la capital. No se trata de un simple dato cartográfico, sino de una categoría ideológica que opera bajo tres ejes fundamentales:
- Ni geografía ni destino: «La invención del Sur Profundo»

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El doble rasero lingüístico que se ejerce es el mismo, Dajabón o Montecristi se encuentran a una distancia física de Santo Domingo similar o superior a la de Pedernales, Independencia o Barahona. Sin embargo, jamás escuchamos hablar en los medios de un «Noroeste profundo» o un «Cibao profundo». La adjetivación «profundo» no mide kilómetros en el mapa; mide el grado de abandono estatal con el que las élites han mirado históricamente a la región.
La proyección de la marginalidad, para denominar a una región como «profunda» equivale a etiquetarla como distante, inaccesible o atávica. Desde la sociolingüística, nombrar así a Barahona y sus provincias vecinas desplaza la responsabilidad de las políticas públicas hacia una supuesta «condición natural» del territorio, invisibilizando que dicho atraso es el resultado directo de la centralización de los recursos. Esta terminología refuerza una jerarquía donde la capital y la región norte se configuran como el eje del desarrollo y la modernidad, mientras que el Sur queda relegado a una periferia simbólica. Superar este sesgo exige no solo inversiones e infraestructuras, sino también una descolonización del lenguaje mediático e institucional.





















