Opinion
Guerra de significados: cómo el ruido semántico contamina el diálogo en la universidad
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Por el profesor Victor Cuello.
Por encima del bullicio de los pasillos o el tecleo en las aulas virtuales, un fenómeno sutil pero devastador obstaculiza el aprendizaje en las carreras de grado: la distorsión del significado de las palabras. En las aulas universitarias actuales, la mayor barrera para el diálogo científico no proviene del ruido acústico ni de las fallas en la conexión a internet.
El verdadero obstáculo es el ruido semántico: la distorsión que ocurre cuando el emisor y el receptor asignan significados distintos a un mismo término, provocando una ruptura silenciosa pero profunda en el proceso de enseñanza y aprendizaje.
En las facultades de grado, donde los estudiantes deben construir un pensamiento crítico y dominar el lenguaje técnico de sus respectivas disciplinas, este fenómeno actúa como un auténtico contaminador de las discusiones.
El problema no radica únicamente en la falta de vocabulario, sino en la polisemia mal gestionada, el abuso del argot académico sin contextualización y la asunción errónea de que todos en la sala entienden lo mismo bajo una misma etiqueta.
Los rostros de la interferencia en el aula El ruido semántico en la educación superior adopta diversas formas que enrarecen el debate cotidiano: Especialización prematura y jerga vacía: El uso de tecnicismos complejos por parte del docente o de alumnos avanzados sin definir sus marcos conceptuales genera brechas de comprensión que aíslan a quienes se inician en la materia. Sesgos y marcos de referencia opuestos: Conceptos cargados de densidad teórica o ideológica —como desarrollo, libertad, sistema o justicia— suelen ser interpretados desde el sentido común o la experiencia personal, desviando la discusión científica hacia debates superficiales.
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Pérdida de rigor en el entorno digital: El diálogo mediatizado por plataformas virtuales e intercambios escritos breves fomenta la ambigüedad, reduciendo ideas complejas a consignas malinterpretadas. El costo para la formación universitaria Cuando el ruido semántico prevalece, las consecuencias afectan de forma directa la calidad educativa.
El intercambio de ideas se vuelve frágil: los estudiantes participan respondiendo a lo que creen que se dijo, en lugar de interactuar con la propuesta real de su interlocutor. Esto no solo genera frustración en las dinámicas grupales y en la evaluación, sino que ralentiza la adquisición de competencias clave.
El diálogo académico exige rigor conceptual. Superar esta contaminación implica que las aulas revaloricen la precisión del lenguaje, promuevan la coconstrucción de glosarios compartidos y fomenten el hábito de preguntar «¿a qué nos referimos exactamente cuando decimos esto?». Solo despejando las palabras de su ambigüedad será posible recuperar el valor del debate como la herramienta más potente del pensamiento universitario.
Victor Cuello es catedrático de la UASD, escritor, poeta, culturólogo, crítico literario y Director de Cultura para la Región Sur.





















