Opinion
PARA LA CHICA DEL UBER Y TODAS LAS MADRES PADRES DOMINICANAS
Por Ezequiel Cuevas
Anoche conocí a una mujer de 31 años, mercadóloga de profesión, madre de tres hijos menores, que hoy enfrenta la vida con una mezcla de cansancio y determinación. Al igual que muchas otras, está desempleada y, para poder sostener a sus hijos, conduce Uber largas horas cada día. El padre de los niños no cubre todas las necesidades, y como tantas otras mujeres, ella ha tenido que reinventarse para que en su casa no falte lo esencial. Su historia no es una excepción: es el reflejo silencioso de miles de madres que, aun en la adversidad, no se rinden.
En la República Dominicana, la realidad de muchas madres solteras está marcada por la precariedad laboral, la informalidad y la falta de redes de apoyo sólidas. Sin embargo, lo que más resalta no es la carencia, sino la fortaleza. Estas mujeres desarrollan una capacidad extraordinaria para administrar recursos limitados, multiplicar el tiempo y sostener emocionalmente a sus hijos mientras cargan sobre sus hombros la responsabilidad económica del hogar.
Ser madre y padre al mismo tiempo no es solo una frase hecha. Significa levantarse antes del amanecer, preparar el desayuno, organizar mochilas, resolver tareas escolares y luego salir a enfrentar un mercado laboral que muchas veces no ofrece oportunidades dignas. Cuando no hay empleo formal, se recurre a lo que aparezca: conducir, vender, emprender desde casa. Cada jornada es una apuesta por la supervivencia y, al mismo tiempo, por el futuro.
Estas mujeres poseen cualidades que deberían estudiarse en las escuelas de liderazgo: resiliencia, disciplina, creatividad y una ética de trabajo inquebrantable. Saben negociar, planificar, ahorrar y priorizar. Son estrategas sin título visible, administradoras sin oficina, psicólogas sin consulta. Y lo hacen todo mientras lidian con el juicio social que aún pesa sobre las madres solteras en sociedades conservadoras.
La dificultad económica es apenas una parte del desafío. También enfrentan el desgaste emocional de tomar decisiones solas, la preocupación constante por la seguridad de sus hijos y el miedo a enfermarse porque no hay un plan B. Cuando una madre es el único sostén, no hay margen para fallar. Cada enfermedad, cada gasto inesperado, cada aumento en el costo de la vida se siente como una amenaza directa a la estabilidad familiar.
A pesar de ello, muchas de estas mujeres mantienen viva una convicción poderosa: la educación es la llave que puede abrir puertas que el contexto social mantiene cerradas. Aunque el Estado no siempre provea oportunidades suficientes, ellas insisten en que sus hijos estudien, lean, se preparen y aspiren a algo más grande que las limitaciones del presente. Invierten en cuadernos aunque falte para ellas; pagan tutorías aunque deban trabajar horas extra.
- Un fallecido en colisión entre motocicleta y patana en tramo Barahona–Azua

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Como hijo y producto de una madre soltera, sé que detrás de cada logro hay noches de desvelo que no siempre se cuentan. Mi madre me enseñó que en la educación están las oportunidades que muchas veces el sistema no garantiza. Me inculcó disciplina, responsabilidad y la certeza de que el conocimiento es un patrimonio que nadie puede arrebatar. Su ejemplo es prueba viviente de que el sacrificio de una madre puede transformar destinos.
Las historias como la de aquella mercadóloga de 31 años no deberían verse solo como relatos de lucha, sino como testimonios de liderazgo silencioso. Son mujeres que sostienen hogares, que forman ciudadanos, que contribuyen a la economía incluso desde la informalidad. Son el motor invisible de barrios enteros, el pilar que evita que muchas familias se derrumben ante la ausencia o irresponsabilidad de otros.
Reconocer sus dificultades no es victimizarlas, sino dignificar su esfuerzo. Y resaltar sus cualidades no es idealizarlas, sino hacer justicia a su capacidad de sobreponerse. En cada madre soltera que trabaja sin descanso hay una historia de amor expresado en sacrificio. Son mujeres que, aun cuando el camino es empinado, siguen avanzando porque detrás de ellas caminan tres, dos o un hijo que confía plenamente en su fuerza.










