Conecta con nosotros

Opinion

Las manos que dan esperan

Publicado

en

BENNY RODRIGUEZ

Benny Rodríguez
Hay tragedias que, además de sacudir la tierra, estremecen la memoria de los pueblos. El reciente terremoto que ha golpeado a Venezuela ha dejado al descubierto la fragilidad de la condición humana, pero también ha revelado algo mucho más poderoso: la inmensa capacidad de solidaridad que aún habita en nuestras sociedades.

En momentos como este no debería haber espacio para ideologías, fronteras ni diferencias políticas. Cuando la naturaleza golpea con semejante fuerza, solo queda una verdad inmutable: todos somos vulnerables.

La República Dominicana tiene razones históricas y morales para mirar hacia Venezuela con gratitud. Nuestra relación con esa nación hermana no nació en las últimas décadas; sus raíces se hunden en los mismos cimientos de nuestra nacionalidad.

Fue precisamente en la tierra de Simón Bolívar donde encontró refugio el Padre de la Patria dominicana, Juan Pablo Duarte Díez. Allí vivió sus últimos años y allí murió, en las más extremas condiciones de pobreza, pero rodeado del respeto de un pueblo que acogió al fundador de la República Dominicana cuando su propia patria no pudo hacerlo.

Décadas más tarde, la historia volvió a unir nuestros destinos. El presidente venezolano Rómulo Betancourt decidió enfrentar la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina, convirtiéndose en uno de sus más firmes adversarios en el continente.

Aquella postura tuvo un costo enorme. Trujillo respondió ordenando un atentado en Caracas que casi le cuesta la vida al mandatario venezolano. Betancourt pagó con sangre el precio de defender los principios democráticos y respaldar la causa de los pueblos que luchaban contra la opresión.

Ese episodio permanece como una de las páginas más dignas de la historia democrática latinoamericana. Ya en el siglo XXI, otra vez Venezuela extendió su mano al Caribe.

Tras la crisis energética mundial de 2008 y el fuerte incremento de los precios internacionales del petróleo, numerosos países de la región enfrentaban enormes dificultades económicas.

Fue entonces cuando el presidente Hugo Rafael Chávez Frías impulsó Petrocaribe, un mecanismo mediante el cual varias naciones caribeñas, incluida la República Dominicana, pudieron acceder al combustible bajo condiciones financieras más favorables.

Más allá de los debates políticos que siempre acompañan a cualquier proyecto de integración, es innegable que aquella iniciativa brindó oxígeno financiero a economías pequeñas y altamente dependientes de la importación de hidrocarburos.

Aquella visión respondía a un viejo sueño latinoamericano. El mismo ideal integracionista que inspiró a Simón Bolívar con la Gran Colombia y que también abrazó José Julián Martí Pérez al imaginar una América unida frente a las adversidades comunes.

Chávez intentó revitalizar esa aspiración mediante organismos regionales, un banco común y hasta una moneda denominada Sucre. Muchos de esos proyectos no alcanzaron los resultados esperados, pero reflejaban la persistencia de un anhelo histórico: construir una región capaz de caminar unida.

Hoy, paradójicamente, es Venezuela la que necesita de los demás. Las imágenes de edificios derrumbados, familias buscando a sus seres queridos entre los escombros y comunidades enteras enfrentando el dolor recuerdan que ninguna nación está exenta de convertirse, de un momento a otro, en quien necesita ayuda.

Y la respuesta de numerosos países, incluida la República Dominicana, demuestra que la solidaridad verdadera nunca desaparece. Puede permanecer silenciosa durante años, pero siempre encuentra el momento para manifestarse.

Quizás por eso existe un viejo dicho que resume mejor que cualquier discurso el comportamiento de los pueblos nobles: las manos que dan esperan.

No porque quien ayuda espere recompensas materiales, sino porque la solidaridad siembra vínculos que el tiempo jamás consigue borrar. Quien comparte en la abundancia puede encontrar consuelo cuando llegan los tiempos difíciles. La gratitud colectiva suele tardar, pero casi siempre termina floreciendo.

Venezuela sembró mucho durante distintas etapas de la historia latinoamericana. Compartió refugio, apoyo político, cooperación energética y esperanza integracionista. Hoy comienza a cosechar parte de esa solidaridad.

Que esta tragedia sirva para recordarnos que las relaciones entre las naciones no deberían medirse únicamente por intereses geopolíticos o económicos. También se construyen con gestos de humanidad.

Porque al final de cuentas, cuando la tierra deja de temblar y el polvo comienza a asentarse, lo único verdaderamente valioso sigue siendo la mano extendida hacia quien más la necesita.
Las manos que dan, en efecto, esperan. Y los pueblos que nunca olvidan siempre terminan respondiendo.

SOBRE EL AUTOR

Ahora Radio 107 FM
EN VIVO

www.ahoraradio107fm.com.do.

TASA DE CAMBIO

209
¿QUIEN CREE USTED QUE PUEDE SER EL ALCALDE DEL DISTRITO MUNICIPAL DE LOS PATOS PARA EL AÑO 2028?

Esta encuesta es validad desde el 28 de Mayo al 10 de Junio.

¡APROVECHA EL OFERTÓN DE LASAÑA EN PALAPIZZA!
wpChatIcon
wpChatIcon