Opinion
Sin solidaridad fracasa la civilización humana.
La sensibilidad social, la asistencia al necesitado, la respuesta solidaria, son indicadores relevantes de cuan avanzada es una civilización humana.
Jesús retrató en la parábola del buen samaritano el comportamiento que las personas asumen ante el dolor del otro.
El prójimo es el humano colocado en el camino de la necesidad ajena. La respuesta oportuna al prójimo es tratarlo como uno espera que le traten en iguales circunstancias (la regla de oro de las Relaciones Humanas).
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El sacerdote y el levita, figuras destacadas en la estratificación de clases de la sociedad judía de la época en que vivió Jesús, dejaron al humano herido en el camino, pasaron por alto su sufrimiento, el samaritano (un extranjero) vio la humanidad del hombre y lo asistió, lo llevó a un centro a curarle y pagó la posada con sus propios recursos.
La empatía del samaritano permitió salvar la vida del hombre. No hace falta tener títulos, profesiones, cargos públicos o poder, para servir a las gentes necesitadas.
Hace falta amor, misericordia y solidaridad para colocarse en el lugar del prójimo y asistirle, cargarle y buscar curar sus heridas.
La civilización descansa en valores; la superación de la especie humana depende de lo fuerte de los lazos que ss crean en el accionar social.
Sin solidaridad la civilización humana está llamada a retroceder, a fracasar.

















