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Opinion

El orgullo de ser unerista 50 años después y por siempre.

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Por Praede Olivero Féliz

Yo tenía 13 años cuando ingresé al Liceo Federico Henriquez y Carvajal en Barahona y tenía claro que debía buscar a los dirigentes de la Unión de Estudiantes Revolucionarios -UER-, pues Dori Deisy Díaz, hija de Catalino Díaz (Cató) el andullero y Melita, mis vecinos mas cercanos en mi barrio Camboya, prima hermana de la mártir estudiantil Sagrario Ercira Díaz Santiago, al igual que Manuel Antonio Medina, me habían hablado de ese grupo estudiantil al que me proponían que ingresara, ya que ellos estaban terminando el bachillerato, ingresarían a la universidad y allí seguirían la lucha estudiantil en Fragua.

En mi primera semana de clases participé en una asamblea de la UER, en la cual se acordó hacer unas elecciones para elegir el nuevo comité del liceo y yo de atrevido tomé un turno y dije que aspiraba a dirigir la UER, y también Jesús Báez, que estaba en segundo del bachillerato y era todo un líder y casi seguro sucesor de los dos que me hablaron y de otros dirigentes como Melton Pineda, Francisco Brilla, Yany Galarza, Jorge Medrano y Francisco Báez, que iban a estudiar en el CURSO-UASD.

Se hicieron las elecciones y mi equipo, casi todos procedentes de la Escuela Parroquial Cristo Rey, ganamos con mas del 70% de los votos.

Inmediatamente me juramentaron con mi equipo, definimos y aprobamos un programa reivindicativo reclamando un nuevo liceo para Barahona, mayor presupuesto para la UASD y asumiendo la lucha del pueblo y sus reclamos, que incluía la lucha contra la dictadura yanqui balaguerista, contra la reelección, el alto costo de la vida, la represión, libertad para los presos políticos y el regreso de los exiliados.

Desarrollamos movilizaciones y paros escolares propios, en solidaridad con otros liceos y pueblos y respaldando la Asociación Dominicana de Profesores, cuyos dirigentes Conrado Matías, Rafael Santos y Celia Guerrero usaban las casas de mi familia materna para hospedarse y hacer reuniones.

La primera actividad que hicimos fue una marcha interna, tipo campaña electoral, yo busqué un redoblante del batón balet que dirigia el Profesor Boché y cuando iba bajando la calle Uruguay me hicieron preso en la esquina calle 6, frente al colmado de Mulata y Rodríguez; me subieron en un carro cepillo pintado de verde y blanco, me llevaron a la policía y me encerraron en la cárcel preventiva, pero la noticia corrió rápido y el director del grupo de baile fue al cuartel, me sacó y entregó el redoblante, entré al liceo, frente al cuartel policial y realizamos la marcha.

La lucha era constante, tuve que cuidarme y correr más que la guinea, hasta que en el año 1975, Roberto Santana fue al CURSO-UASD para hablarnos del proceso de fusión Fragua-UER. Terminada la actividad, Roberto viajó a la capital en un avión de la compañía Alas del Caribe, mientras la policía rodeaba la universidad buscándolo, ahí nos enfrentamos y como resultado quedaron heridos y 16 presos, 8 de la universidad, que soltaron porque estaban en su recinto, y 8 del liceo, que nos dejaron presos porque según la policía fuimos de agitadores; nos pasaron al patio, donde quiso presionarnos y chantajearnos un preso que le decian el tiguere escala (un carterista) y una bandita que tenia en la carcel, hasta que intervinieron los presos politicos, entre ellos Ramón Moreta, Denden, Capullito y otros. Entre los universitarios estaba uno de mis mentores: Manuel Antonio Medina, y nos publicaron en primera plana de un periódico, que si mal no recuerdo fue El Sol, y lógicamente la noticia salió en todos los medios. Yo duré un mes preso hasta que el Juez del Tribunal de Menores me puso en libertad.

Debo destacar que en medio de los trabajos de la fusión Fragua-UER, logramos la construcción e inauguración del nuevo liceo, que inició clases el 9 de febrero del año 1976.

Desde el primer día de clases reiniciamos la lucha por las demas reivindicaciones, ampliamos los trabajos de la UER como principal grupo estudiantil de Barahona y la región, agregando al plan reivindicativo en unidad con los otros grupos estudiantiles, la exigencia de la salida del nuevo director del liceo, profesor Elpidio Radhamés Burgos Rodríguez, quien se dedicaba a denunciar los dirigentes a la policía y entregar sus expedientes escolares, tras lo que venían allanamientos, persecuciones, apresamientos, torturas, desapariciones y muertes.

En medio de esa lucha me expulsaron del liceo en el mes de marzo, con a penas un mes de docencia, a propuesta del director, lo que incrementó la lucha en liceos y escuelas de Barahona, la región sur y muchos liceos del país, incluido el de San Francisco de Macorís y el Juan Pablo Duarte de la capital, reclamando mi reposición hasta que me repusieron en mayo, justamente días antes del Congreso Unificador Fragua-UER.

Al criminal de Burgos, los grupos estudiantiles le caímos a golpes el 23 de junio del año 1976, lo que me costó más persecución y el exilio interno en Azua, donde estudié parte del bachillerato en el liceo Román Baldorioti de Castro y regresé a Barahona el 16 de mayo del año 1978, cuando Antonio Guzmán y el PRD ganan las elecciones.

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