El día después

El día después

Por: Guillermo Moreno

Los precedentes establecidos en las primarias, cuestionan seriamente la capacidad de la JCE para garantizar en el 2020 un proceso electoral con equidad y haciendo respetar la legalidad electoral.

Las primarias suponen para los dos precandidatos presidenciales que resulten derrotados el cierre de su ciclo político o por lo menos dejarán muy disminuidos sus liderazgos. Hoy queda definido, pues, con mayor claridad, el horizonte de la coyuntura electoral en curso y sus perspectivas.

El proceso de primarias nos deja bien claro cuáles son las pautas en que se desarrollarán las elecciones de 2020. La de las primarias fue una campaña ininterrumpida, sin que se respetaran los plazos de ley. Fue más que evidente el uso abusivo de los recursos públicos y de la participación de ministros y funcionarios en violación de la ley. Más que una campaña de ideas y de propuestas lo que predominó fue el uso sin control de dinero de origen desconocido. Se hizo un uso abusivo de los medios de comunicación, se impuso una propaganda apabullante. Se manipularon decenas de encuestas para construir percepciones. Abundó el clientelismo, el asistencialismo y la compra de votos, entre otras.

Además, el proceso de las primarias retrató de cuerpo entero la falta de carácter y autoridad de la Junta Central Electoral para someter a esos partidos al respeto de la legalidad electoral. El órgano electoral fue en extremo permisivo a pesar de las reiteradas denuncias por las violaciones cometidas, principalmente por los precandidatos del peledé.

Alguien debiera explicarle a la JCE que su misión no es solo crear un medio de votación y transmisión rápida del resultado. Que esto de nada sirve si no se garantiza la calidad del voto y para esto el voto debe ser ejercido en libertad, transparencia y el proceso llevado a cabo con equidad y con apego a la Ley.

Los precedentes establecidos en las primarias cuestionan seriamente la capacidad de la JCE para garantizar en el 2020 un proceso de votación con equidad y haciendo respetar la legalidad electoral.

El desenvolvimiento de los precandidatos del peledé terminó por confirmar, si es que alguien tenía dudas, que en el partido oficial no hay una facción mala y otra buena, sino que ambas representan la continuidad de un régimen corrupto, autoritario, injusto, entreguista, clientelar. Por tanto, no hay salida a los problemas del país mientras gobierne el peledé, lo que hace imprescindible sacarlo del poder.

Por igual, el proceso de primarias, a juzgar por las propuestas y prácticas de los principales candidatos del perreeme puso de manifiesto que la bandera del prometido cambio político de ese partido tiene más de retórico que de contenido. Que realmente el perreeme, por lo visto hasta ahora, no representa una real alternativa al modelo político instaurado por el peledé. Incluso fue notoria, en medio del proceso de primarias, la disponibilidad expresada por Hipólito Mejía para modificar la Constitución y habilitar a Danilo Medina. La posibilidad de que se negocie apoyo con el sector perdedor del peledé, a cambio de impunidad, no parece descartada.

Si algo le queda claro a todo quien no se sintió identificado en ninguna de las dos propuestas participantes en las primarias es la necesidad de construir una vía electoral que sea realmente alternativa y no continuidad ni que venga a lavarle la cara al modelo peledeísta, para que todo siga igual.

Construir en esta coyuntura una alternativa al peledé requiere levantar una propuesta política electoral que represente una ruptura radical con el modelo corrupto, antidemocrático, empobrecedor, incapaz y de privilegios que representan los gobiernos del peledé.

Esa propuesta alternativa no es ni puede ser una sumatoria de promesas demagógicas sino de compromisos reales frente a la ciudadanía para enfrentar de verdad la corrupción, la impunidad, la inseguridad; para garantizar los derechos económicos y sociales de la gente; para hacer una revolución democrática que asegure la independencia de la Justicia, del Ministerio Público, del Congreso, de la JCE, de la Cámara de Cuentas; que detenga el irresponsable endeudamiento público, el desorden migratorio; el grave daño al medio ambiente.

En la coyuntura actual la construcción de una propuesta alternativa tiene mucho que ver con la capacidad de articular un liderazgo político, social y ciudadano, nacional y local con la autoridad moral, las convicciones democráticas, capacidad y el compromiso social que hagan viable y creíble nuestro compromiso con las reformas y transformaciones necesarias para hacer el cambio democrático.

Afirmo que ese liderazgo existe en nuestra sociedad como lo demostraron las grandes manifestaciones de la Marcha Verde, pero se encuentra disperso y el gran reto será articularlo en un solo haz opositor.

La construcción de esa alternativa tiene que darse practicando una nueva política que la distancie de las prácticas clientelares y politiqueras de la vieja política de los partidos tradicionales que nos han gobernado.

Y por último, la construcción de esa alternativa al peledé solo es posible desde un definido y firme ejercicio de oposición política, sin componendas y sin tregua, que asuma las demandas de la gente en sus comunidades, los derechos sociales y económicos negados, en fin, que ponga a toda la nación en movimiento.

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Francisco González

Periodistas de la República Dominicana