El impacto del alcohol en la cognición

El impacto del alcohol en la cognición

Por: José Miguel Gómez

La “droga de la sociabilidad” es el alcohol. Su consumo va en aumento en todas las modalidades y de forma recreativa, impulsiva, ocasional y dependiente. El uso y abuso del consumo ha bajado de edades, desde la adolescencia y adultez temprana, hasta mujeres y adultos mayores.

Hay quienes toman por presión de grupos, de forma influenciable, por escapismo social y para mitigar la soledad, o por un estado depresivo, evadir un problema o para calmar la angustia y el estrés.

Existen personas que van cambiando su estilo de vida, su comportamiento social y su auto-gerencia personal producto del consumo habitual del alcohol. De ahí cientos de personas alteran su comportamiento, se vuelven irritables, pleitistas, celosos, depresivos, impulsivos, con cambios de humor, de memoria y de enfoque después de ingestas de alcohol que pueden ir 100 a 200 mg/ 100 ml de alcohol.

En aquellas personas que la ingesta de alcohol es recurrente, impulsivo y pierden la capacidad de parar llegan a la borrachera o sufrir el episodio de “resaca” como: ausentismo laboral, dejar de ir a la universidad, posponer una reunión, problematizar un conflicto, o volverse poco productivo o con pobre desempeño producto de la “resaca” de forma recurrente, habla de un problema con el alcohol.

Es decir, el consumo importante de alcohol deja secuela de forma sistémica en el organismo y de impacto en todas las áreas. El cerebro es de los órganos que va afectando el alcohol, pero, lamentablemente, el bebedor no lo identifica o no logra de forma consciente en aceptar sus daños cognitivos como son: fallar en la atención y la concentración, aprendizaje lento y falta de habilidades visu-espaciales, o en las funciones ejecutivas (organización, planificación y toma de decisiones).

Esos cambios en la cognición por el consumo excesivo de alcohol producen alteraciones y disminución en el volumen del hipocampo, la corteza prefrontal y atrofia neuronal. Es de ahí que las personas con dependencia al alcohol, presentan amnesia pos alcohólica, pérdida de memoria, olvidos frecuentes, confusión, lentitud, dificultad motora y del habla, temblores, pobre discriminación, falta de habilidad y destreza para resolver problemas.

El joven que abusa del alcohol, que decide practicar toda actividad socializadora a través del consumo, aumentando los fines de semana la ingesta, va creando tolerancia con el alcohol, o sencillamente necesitando mayor consumo para lograr los afectos que antes conseguía con menor ingesta de alcohol, y por tanto, aumenta más las “resacas”, pudiendo presentar niveles de intoxicación.

A más temprano es el inicio del alcohol, mayor es el riesgo de padecer estos cambios en la cognición y en las áreas sociales, laborales, familiar y de pareja.

Además, los riesgos aumentan si el joven que consume alcohol, tiene factores genéticos de alcoholismo en grupos primarios: abuelos, padres, tíos, hermanos etc.

Es una pena que los amigos, familiares a veces no logran concientizar, sensibilizar y ayudar cuando alguien conocido va en un consumo irresponsable hasta la intoxicación o la dependencia del alcohol.

El alcoholismo es una enfermedad crónica, que afecta todos los órganos del cuerpo, especialmente al cerebro. Es una pena que se hace ruido con el alcohol cuando hay pérdidas y accidentes, homicidios y violencia social que guardan relación con el alcohol.

Se impone difundir los daños, las consecuencias y el impacto que deja el consumo excesivo del alcohol en los jóvenes y adultos, por el bien de ellos, de sus familias y de su futuro.

La cognición hay que cuidarla, el alcohol y las drogas ilegales le afectan de forma aguda y crónica. Después del uso crónico de sustancias y alcohol, las personas pierden sus capacidades, se afecta el enfoque con el proyecto de vida, y los propósitos son difíciles de alcanzarlo. Prevención, moderación, bajo riesgos, son las palabras claves para cuidar la cognición.

Francisco González

Periodistas de la República Dominicana